Si el sueño es anticipo de la muerte
muero dos veces cuando no te sueño.
Lily Canals
jueves, 19 de marzo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
De Susanas, Marcelos y sentidos.
Había una vez un Pueblo al que se le había perdido la Palabra. Sus habitantes circulaban mudos y, de no oír, muchos comenzaron a quedarse sordos. Sólo unos pocos ciudadanos mantenían el habla, pero lo guardaban para ocasiones especiales, temiendo que en la exhalación se fueran para siempre las vocales y los verbos. Ese pequeño grupo se reunía en torno de fogones una vez a la semana: sostenían que el fuego mantiene caliente la Palabra y además brinda luz, por si el mal se extendía a los ojos.
La pérdida de la Palabra sobrevino a un temporal, un clima raro, pegajoso, hostil a la piel, una especie de llovizna que al retirarse dejaba un gusto amargo en la lengua. Durante la tormenta, sólo se escuchaban las voces de los más poderosos del Pueblo: Las susanas, que eran propietarias de las estancias más vastas y ricas de la comarca; los marcelos, sostenedores de los mayores exabruptos e indignidades que –por cotidianos y penetrantes- terminaron siendo aplaudidos por gran parte de la sociedad. Ellos hicieron grandes fortunas. La iglesia sacó también comunicados. Ninguno mencionaba sus vergüenzas por miles de años de licencias en nombre de dios, desde la permisiva traición a los postulados de Cristo, al silencio ante las guerras inventadas por los imperios, a la coparticipación en gobiernos de muerte. Los dirigentes del Pueblo procuraron navegar en ese mar de desconcierto, yendo para donde el viento llevaba las velas, con minúsculas excepciones claro, mujeres y hombres que terminaron en los fogones o perdieron el habla de inmediato. Susanas y marcelos se hacían oír a través de los ecos del monte que rodeaban el poblado. Y esa resonancia era el arma de mayor poder en la región. Y entonces, la mayoría, terminó por convencerse de que la única Palabra verdadera era aquélla: la proveniente de esa caja revererante que emitía sonidos de terror. Y así comenzaron a desaparecer vocablos como ternura, solidaridad, igualdad, reparto, equilibrio, amor. Otros convirtieron su significado: la palabra Justicia pasó a definirse en el nuevo diccionario como: “Eliminación de villas de emergencia, desaparición de niños de piel oscura, seguridad, pena de muerte”. La gente comenzó a asegurar que la culpa de todos los males estaba en los pobres, en los indocumentados que invadieron el Pueblo, en los haraposos que hablaban de Derechos. Lo percibían a diario por las voces del monte, por el clima pastoso, por los bramidos de los defensores de la propiedad privada, por los oficios de la iglesia, por los dirigentes apetecidos de sostener sus acaudalados modos de vida. Sólo el pequeño grupo de los fogones mantenía intacto uno de los sentidos: el olfato.
Elvio Zanazzi
12 de Marzo de 2009
La pérdida de la Palabra sobrevino a un temporal, un clima raro, pegajoso, hostil a la piel, una especie de llovizna que al retirarse dejaba un gusto amargo en la lengua. Durante la tormenta, sólo se escuchaban las voces de los más poderosos del Pueblo: Las susanas, que eran propietarias de las estancias más vastas y ricas de la comarca; los marcelos, sostenedores de los mayores exabruptos e indignidades que –por cotidianos y penetrantes- terminaron siendo aplaudidos por gran parte de la sociedad. Ellos hicieron grandes fortunas. La iglesia sacó también comunicados. Ninguno mencionaba sus vergüenzas por miles de años de licencias en nombre de dios, desde la permisiva traición a los postulados de Cristo, al silencio ante las guerras inventadas por los imperios, a la coparticipación en gobiernos de muerte. Los dirigentes del Pueblo procuraron navegar en ese mar de desconcierto, yendo para donde el viento llevaba las velas, con minúsculas excepciones claro, mujeres y hombres que terminaron en los fogones o perdieron el habla de inmediato. Susanas y marcelos se hacían oír a través de los ecos del monte que rodeaban el poblado. Y esa resonancia era el arma de mayor poder en la región. Y entonces, la mayoría, terminó por convencerse de que la única Palabra verdadera era aquélla: la proveniente de esa caja revererante que emitía sonidos de terror. Y así comenzaron a desaparecer vocablos como ternura, solidaridad, igualdad, reparto, equilibrio, amor. Otros convirtieron su significado: la palabra Justicia pasó a definirse en el nuevo diccionario como: “Eliminación de villas de emergencia, desaparición de niños de piel oscura, seguridad, pena de muerte”. La gente comenzó a asegurar que la culpa de todos los males estaba en los pobres, en los indocumentados que invadieron el Pueblo, en los haraposos que hablaban de Derechos. Lo percibían a diario por las voces del monte, por el clima pastoso, por los bramidos de los defensores de la propiedad privada, por los oficios de la iglesia, por los dirigentes apetecidos de sostener sus acaudalados modos de vida. Sólo el pequeño grupo de los fogones mantenía intacto uno de los sentidos: el olfato.
Elvio Zanazzi
12 de Marzo de 2009
miércoles, 11 de marzo de 2009
CONVOCANDO ESPERANZAS
Se toma con cuidado una luna
de esas
que seducen al mar
Se le incorpora alguna voz que vista sueños
caminante del agua
húmeda trayectoria de prodigios
de naufragios absuelta
Se las amarra al fuego
y se le ciñen aladas herramientas
colmadas
con las palabras del poeta
constante obrero de puentes y colores
Se le agrega una pizca de temblor
de sonrisas
y promesas
para obtener una ilusión legítima
Se mira hacia adelante con empeño
en un íntimo impulso iluminado
y la esperanza esquiva
la olvidada
se hará presente en nuestra escena.
MARTA RUFFINI
Poeta nacida en San Nicolás (Bs.As.)
Docente, investigadora de Cultura Popular, Psicóloga Social.
De su libro "Plegar la noche" - Yaguarón Ediciones
de esas
que seducen al mar
Se le incorpora alguna voz que vista sueños
caminante del agua
húmeda trayectoria de prodigios
de naufragios absuelta
Se las amarra al fuego
y se le ciñen aladas herramientas
colmadas
con las palabras del poeta
constante obrero de puentes y colores
Se le agrega una pizca de temblor
de sonrisas
y promesas
para obtener una ilusión legítima
Se mira hacia adelante con empeño
en un íntimo impulso iluminado
y la esperanza esquiva
la olvidada
se hará presente en nuestra escena.
MARTA RUFFINI
Poeta nacida en San Nicolás (Bs.As.)
Docente, investigadora de Cultura Popular, Psicóloga Social.
De su libro "Plegar la noche" - Yaguarón Ediciones
martes, 10 de marzo de 2009
FUNÁMBULO I

Abajo hay una maroma de voces conteniendo impaciencias.
¡No ha de caer allí!
¡Pongan las redes!
Yo persigo esa nada con un extraño miedo,
armándome el presente a mordiscones: una soga febril,
una caña madura
y la esperanza dormida que a ratos despereza.
¿Dónde va toda esa gente?
¿Qué disturbio cercano confundió sus memorias?
Ya no puedo moverme con mi duda; con ella voy hasta el final,
con ella
y los pocos ladrillos que me pesan.
No son teiempos de ruegos ni regresos,
no son épocas de ahogadas inquietudes.
El tiempo es una rueda vieja crujiendo su engranaje
y estoy en lo alto de la noche
sin más tino que el tránsito que tiembla.
Elvio Zanazzi
sábado, 7 de marzo de 2009
8 de marzo, día de la Mujer
Mucho se ha escrito sobre la Mujer. Aunque no soy (ni cerca) un maniático de los recordatorios, esta vez me ganó la llevadera. No pienso en una mujer modelo (en el sentido utópico del término. La mujer se me representa con sus diversos rostros, con sus humanas actitudes, con su dispar inteligencia (al igual que el Hombre). Lo que siempre he valorado de las mujeres es la actitud ante la vida: más llana, más firme, mejor tabicada ante las tragedias y los malos vientos. Digo, respecto de los hombres como género. Debo decir también que las he conocido fútiles y parcas, brutas y tontas (al igual que hombres). Pero permítanme decirles: Son únicas; tienen ese plus que sacan a relucir cuando las papas queman, cuando a los hombres se nos llena el culo de preguntas. Entonces Gracias y pasen lindo su día las mujeres.
PD: Menos la Thatcher, la Condoleza, la mujer de Pinochet, las de los represores que saben de qué laboraban sus maridos, y otras tantas jodidas que andan dando vuelta por este planeta tan acogedor…
Elvio Zanazzi
PD: Menos la Thatcher, la Condoleza, la mujer de Pinochet, las de los represores que saben de qué laboraban sus maridos, y otras tantas jodidas que andan dando vuelta por este planeta tan acogedor…
Elvio Zanazzi
Agosto
La vida que me ofreces me llena las mañanas.
Hasta hace un tiempo cubría de fortunas mis anhelos.
Ahora me llena tardes
Y discrepo con el resto del día
Porque la piel me exige madrugadas y nocturnas
Y ruega ojos ternura en las mañanas.
Elvio Zanazzi
Hasta hace un tiempo cubría de fortunas mis anhelos.
Ahora me llena tardes
Y discrepo con el resto del día
Porque la piel me exige madrugadas y nocturnas
Y ruega ojos ternura en las mañanas.
Elvio Zanazzi
viernes, 6 de marzo de 2009
MOMENTO
Cuando la lluvia aprieta los días que se escurren
en una tarde morada y lenta,
los balcones se vuelven para mirar al cielo
allá en lo alto, donde las estelas del tiempo
contemplan a descarnados seres
que son como volátiles presencias en sordina
llenando los espacios.
Oh, sí, allá van los ausentes
que un día abandonaron este lánguido suelo
reunidos en manojo como de nubes blandas
en los antros azules, en aquellas moradas donde alientan
un tiempo secular, un lento abismo.
CÉSAR BUSTOS
Gran Poeta nacido en San Nicolás en 1913 y fallecido en 1998.
Fotógrafo, artista plástico y escritor.
Colección de bolsillo de autores nicoleños
Ediciones Relámpago (2001)
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