Abajo hay una maroma de voces conteniendo impaciencias.
¡No ha de caer allí! ¡Pongan las redes!
Yo persigo esa nada con un extraño miedo, armándome el presente a mordiscones: una soga febril, una caña madura y la esperanza dormida que a ratos despereza.
¿Dónde va toda esa gente? ¿Qué disturbio cercano confundió sus memorias? Ya no puedo dormirme con mi duda; con ella voy hasta el final, con ella y los pocos ladrillos que me pesan.
No son tiempos de ruegos ni regresos, no son épocas de ahogadas inquietudes. El tiempo es una rueda vieja crujiendo su engranaje y estoy en lo alto de la noche sin más tino que el tránsito que tiembla.
Elvio Zanazzi