Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de octubre de 2010

Chile

Los pueblos no tienen sosiego. Andará el ser humano hasta que el planeta se canse sin dimensionar el minimalismo de sus pasos. A las catástrofes climáticas se suman cada tanto de las otras, en las que interviene la barbarie del poder económico y depreda sueños. Sin entrar en la morbosidad mediática no puedo soslayar la emoción que me provoca la salida de los mineros de ese tremendo agujero ganado a las entrañas de la tierra. Me vinieron a la mente los artistas comprometidos del nuevo cancionero de los sesenta: Rolando Alarcón, Víctor Jara, Violeta Parra, Mercedes, Leonardo Castillo. Un periodista de la tele tuvo un furcio histórico; dijo... El presidente Salvador Piñera.. Y enseguida corrigió el nombre de pila. Allende dio su vida ante las garras del poder. Hubiera estado con casco metido adentro del pozo sin ningún atisbo de cobardía. Seguramente, si Allende hubiera podido concretar el sueño, el reparto de las vetas áureas sería otro. Me pregunto cuánto gana un minero para meter su corazón en lo profundo del infierno. Cuánto le queda del riesgo del que disfrutan en yates y placeres los dueños del oro y la palabra. Cuánta revolución se necesita para achatar la montaña, equilibrar su fiereza y dar cobijo a todos los hermanos. No me vengan con la historia del mundo globalizado y pobres siempre habrá. Ese recurso remanido de la cultura del poder atenta contra la sensibilidad de mis hijos, y de los hijos de mi vecino. Entonces, como diría el Negro Castillo, "Hay que decir un No, alto y sagrado". Ningún medio, ni el Ministro de minería que dá los informes en español e inglés (lo que provoca la seductora babosidad de los cronistas), ha hablado del por qué treinta y tres seres humanos terminaron atrapados en la mina. No han mencionado siquiera los nombres de los dueños de la mina que sepultaba treinta y tres historias mientras ellos, descarnadores, locuaces defensores de la propiedad privada, se declaraban en quiebra. El poder económico festeja la tecnología y el profesionalismo. Yo también lo festejo. Pero ellos festejan porque los ayuda a acrecentar poder. En otras minas, en otros agujeros, hay miles de seres humanos debatiéndose en la intemperie de sus días. Yo festejo y lloro el llanto de los trabajadores y pienso que es necesario salín como un pregón repitiendo la pregunta para exigir una respuesta distributiva: ¿Por qué?

Elvio